Es inevitable que discurra en éstos momentos cuánta similitud hay entre un tiempo y otro, a pesar de los años que han corrido bajo éstas aguas, antes río claro, hoy turbio y de heces parasíticas anegado.
Retrocedí al 1820, tiempo en que hubo anarquía en Argentina. No se sabía quién diantres gobernaba, se sucedían los personajes como calzones cambia uno en el transcurso de la semana.
Luego, un gobierno, el de Martín Rodríguez. Su ministro Rivadavia fue un pilar indiscutible para que hoy estemos hablando de «Nación». Reforma educativa y eclesiástica, fueron fundamentales.
Pero... siempre hay un pero. Un conspirador, partidario de la Restauración, el Dr. Tagle. Mientras aquél ya mencionado estaba en campaña militar junto con Rondeau, informantes se movieron cuán avispas en su avispero, y prepararon todo para el golpe que depositó a Rosas en el poder.
Rosas, desde sus feudos, recibía toda la información. Y sin que los del bando de Rodríguez y Rivadavia se enterasen. Los eclesiásticos, o del partido apostólico, mejor dicho, habían ganado su batalla.
Pero... cuál es el aroma que vuelve con ese picante del 1800 y tantos, ya dos décadas avanzado.
Es la tiranía rosista, la cual me hace acordar a ésta de hoy. Es el conspirador Tagle, lo que me recuerda a un tal D... Son la religión rosista, el terror y otros tantos más ecos del ayer, lo que me hacen acordar al hoy. Son los tres que pasaron cuando un conspirador derrocó a un gobernador, porque en el XX hubo un período que tuvo tres gobernadores.
Rosas tenía un feudo, los de hoy también lo tienen. Y volver hacia atrás significa prebendar la economía de un país. Dejar «el feudo» en manos de unos pocos. Aislarlo por completo. Pasarse de mano algo quemado, fingir que lo reestructuran, para volver a hacerlo pedazos.
Qué sentido tiene hacer tanto revisionismo... creo que los aristócratas que no vemos, pero sabemos están, se divierten. Sí, si ya le puedo ver a ese el riso que le nace ante mi escrito.
Sólo hay programas que hacen justicia, porque no hay justicia. ¿Los medios haciendo justicia? Vaya si no es eso estulticia...
Volvemos a ser feudo, pero sin ser dueños de un extranjero. Volvemos a la anarquía de los poderes y representantes. Volvemos a un aislamiento.
Falta que volvamos a reclamar libertad, como bien lo supieron hacer Moreno y Alvear.
martes, 28 de mayo de 2013
sábado, 25 de mayo de 2013
Revisionismo, una crítica.
Es como se expresa en el título, hoy día todos los hechos históricos están siendo sujetos (ya desde hace tiempo) a un «revisionismo histórico» que pretende enmascarar hechos que, de facto, han ocurrido. Ello, desde luego, opaca toda palabrería y chicana, pues siempre algo sobrevive al incendio devastador de los revisionistas.
Me pretenden explicar que nunca en la historia argentina han habido tres presidentes, como sucedió recientemente, cuando yo he leído, de bona fide, que en 1820 Argentina presenció la anarquía en sus entrañas, época reconocida como la «de los tres gobernadores». Es ella fiel prueba del revisionismo.
La historia de la República Argentina no se inicia en 1810. Pero sí fue el punto de partida de su vida independiente. Éste proceso complejo que comienza con el movimiento revolucionario debemos vincularlo con otros factores preexistentes. Son las condiciones geográficas, los límites que impone el hombre precolombino al nuevo orden posterior a la conquista. Pero tanto, o más importante, es también remontarse a la estructura social, económica y política que legislaban el funcionamiento jurídico e institucional; todo en el marco de un mundo en constante devenir.
El Virreinato del Río de la Plata, creado en 1776, es la puerta por donde ingresa la bomba, que eclosionó en mayo de 1810. Ésta entidad jurídica se organizo rápidamente institucionalmente, jugando un papel estratégico dentro del esquema político español.
La penetración de nuevas ideas y su influjo en el proceso revolucionario es un hecho. El autor más controvertido fue Juan Jacobo Rousseau, que tuvo como ferviente adherente al Dr. Mariano Moreno, y fue punto de partida para las ideas revolucionarias en el movimiento de la independencia.
Los años que le precedieron a 1810 fueron de una lucha encarnizada por un poder en evidente acefalía central.
En 1810 se inicia la guerra de emancipación de las colonias de América hispánica. Buenos Aires era su foco, mas no todos prendieron de él. Para consolidar el triunfo, la revolución debía imponerse en el interior, y controlar las fronteras con Lima y Montevideo, contrarias a éste proceso. Defendía la Corona.
PARA QUIENES DICEN QUE LA REVOLUCIÓN ARGENTINA SE HIZO CON PALABRAS, SIN ARMAS... ESTÁN EQUIVOCADOS.
No deberían afanarse de esos labios edulcorados.
La contrariedad que planteaban Lima y Montevideo para la liberación fueron suficientes para que la Junta de Buenos Aires enviase dos expediciones militares: hacia Córdoba una, al Paraguay la otra.
Y había un tercer frente alineado contra Buenos Aires, Montevideo, plaza militar del Sur, ruta atlántica ésta hacia el mercado inglés, vital para el comercio de los cueros.
«No nos haría felices la sabiduría de nuestras leyes si una administración corrompida las expusiese a ser violadas impunemente. Las leyes de Roma, que observadas fielmente hicieron temblar el mundo entero, fueron después holladas por hombres ambiciosos que, corrompiendo la administración interior, debilitaron el Estado y al fin dieron en tierra con el opulento imperio que las virtudes de sus mayores habían formado. No es tan difícil establecer una ley buena como asegurar su observancia. Las manos de los hombres todo corrompen; y el mismo crédito de un buen gobierno ha puesto muchas veces el primer escalón a la tiranía que lo ha destruido. Pereció Esparta, dice Juan Jacobo Rousseau. ¿Qué estado podrá lisonjearse de que su constitución sea verdadera?». La Gaceta.
Me pretenden explicar que nunca en la historia argentina han habido tres presidentes, como sucedió recientemente, cuando yo he leído, de bona fide, que en 1820 Argentina presenció la anarquía en sus entrañas, época reconocida como la «de los tres gobernadores». Es ella fiel prueba del revisionismo.
La historia de la República Argentina no se inicia en 1810. Pero sí fue el punto de partida de su vida independiente. Éste proceso complejo que comienza con el movimiento revolucionario debemos vincularlo con otros factores preexistentes. Son las condiciones geográficas, los límites que impone el hombre precolombino al nuevo orden posterior a la conquista. Pero tanto, o más importante, es también remontarse a la estructura social, económica y política que legislaban el funcionamiento jurídico e institucional; todo en el marco de un mundo en constante devenir.
El Virreinato del Río de la Plata, creado en 1776, es la puerta por donde ingresa la bomba, que eclosionó en mayo de 1810. Ésta entidad jurídica se organizo rápidamente institucionalmente, jugando un papel estratégico dentro del esquema político español.
La penetración de nuevas ideas y su influjo en el proceso revolucionario es un hecho. El autor más controvertido fue Juan Jacobo Rousseau, que tuvo como ferviente adherente al Dr. Mariano Moreno, y fue punto de partida para las ideas revolucionarias en el movimiento de la independencia.
Los años que le precedieron a 1810 fueron de una lucha encarnizada por un poder en evidente acefalía central.
En 1810 se inicia la guerra de emancipación de las colonias de América hispánica. Buenos Aires era su foco, mas no todos prendieron de él. Para consolidar el triunfo, la revolución debía imponerse en el interior, y controlar las fronteras con Lima y Montevideo, contrarias a éste proceso. Defendía la Corona.
PARA QUIENES DICEN QUE LA REVOLUCIÓN ARGENTINA SE HIZO CON PALABRAS, SIN ARMAS... ESTÁN EQUIVOCADOS.
No deberían afanarse de esos labios edulcorados.
La contrariedad que planteaban Lima y Montevideo para la liberación fueron suficientes para que la Junta de Buenos Aires enviase dos expediciones militares: hacia Córdoba una, al Paraguay la otra.
Y había un tercer frente alineado contra Buenos Aires, Montevideo, plaza militar del Sur, ruta atlántica ésta hacia el mercado inglés, vital para el comercio de los cueros.
«No nos haría felices la sabiduría de nuestras leyes si una administración corrompida las expusiese a ser violadas impunemente. Las leyes de Roma, que observadas fielmente hicieron temblar el mundo entero, fueron después holladas por hombres ambiciosos que, corrompiendo la administración interior, debilitaron el Estado y al fin dieron en tierra con el opulento imperio que las virtudes de sus mayores habían formado. No es tan difícil establecer una ley buena como asegurar su observancia. Las manos de los hombres todo corrompen; y el mismo crédito de un buen gobierno ha puesto muchas veces el primer escalón a la tiranía que lo ha destruido. Pereció Esparta, dice Juan Jacobo Rousseau. ¿Qué estado podrá lisonjearse de que su constitución sea verdadera?». La Gaceta.
miércoles, 22 de mayo de 2013
El fin del espacio publicitario...
Hace un tiempo reflexionaba acerca del hastío. Ah, y de los comerciales también. Los más novedosos, y los pasados de boga.
En un ensueño poco particular, y demasiado atrevido, me propuse elaborar una consigna para reinventar los espacios publicitarios, hoy mandatarios supremos de toda vida humana.
Sin más rodeos al asunto, hace un siglo, tiempo en que transcurrió toda una vida...
—El mercader aguarda su proyecto. Que tiene prisa y necesita urgente lo suyo, ¿entiende? Que abandone la parsimonia, hermano. Que no anda de buenas, se ha separado de su mujer, y a quien le toque darle noticias bienaventuradas, premiará con gran fortuna.
—Tome, aquí está —se desesperó, el hombre, en acercarle el paquete cuando oyó lo de la riqueza—.
—No era necesaria tanta prisa. Aguarde hasta mañana, tendrá usted una respuesta al respecto. Adiós.
Sin darle lugar a retorica alguna en el saludo final, el secretario huyó. El chato con poca gracia ni se mosqueó, sólo siguió el aroma que dejaba por los aires la portentosa fortuna del viejo pronto a madurar en los cielos...
El modelo que diseñó el hombre para el rico aquél, en meseta depresiva y curva peligrosa por no conseguir elevar su autoestima, fue envuelto por alguna donación astral.
Recibió dádivas en formato áureo, y asimismo, su fortuna se oyó por todo el vecindario como la más abultada del territorio. Al poco tiempo, como es obvio en casos como éste, abandonó su barrio y se apostó en las islas más opulentas. Desde allí comandó una empresa sin caudal humano más que su sapiencia. Sólo tenía tres hombres como ayudantes diestros.
Uno contó, en tiempo alguno, que el tal Olguín, dueño de una riqueza inconmensurable, se hizo fama de vendedor de medios masivos de comunicación con afortunado premio.
Era un gran inductor, su carisma erizaba todo pelo humano. Otros contaron que sólo adoctrinaba para imprimir en el pueblo sus enseñanzas, que tenían alguna concordancia con otra riqueza, de otras alimañas y lacras más abultadas.
Pero sea lo que fuera que haya sido, él proyectó los vicios y los desnudos televisivos, poco a poco y sin dejar rastro; en un cambió que se dio de golpe y porrazo, a los manotazos y con humores de excelente calidad. Hoy día, lastimosamente, aquellas humoradas han perdido su alcance, y todo se resume en... puros comerciales y comediantes de mediano alcance.
También introdujo la enciclopedia. Aunque televisiva, o prensada y rellena con finas hierbas para que la parlas ensoberbezca o adormezca a quienes emiten o reciben; ella todo lo sabe y todo alimenta, digiere y lanza cuan bollo o en forma de periódico en toda casa que quiera oír sus supremos mandatos.
Él hizo destrozos con su megaimperio de las comunicaciones. Facilitó el adoctrinamiento popular, la aculturación del joven, la apatía por crecer como ser cívico y comunal, el puro nervio a la serenidad, el coito a la seducción natural, el odio militar; a todo un pueblo, ignorante en verdad. No porque Olguín sea dueño de la verdad, sino por no proponerse ellos ver de verdad.
¿Qué podemos hacer para frenar a Olguín y su imperio? Debo destacar que ya esta todo muy avanzado, en cuanto a forma y final, éste último ya muy cercano.
Ello me formulé en el ensueño, y no hallé respuesta más que el silencio y la búsqueda. Porque la verdad también está allí, en los medios, diseminada en una y otra cadena.
En cambio, nosotros somos los únicos que pronto caeremos en ese juego de imperios, donde los medios son los perfectos arácnidos que comenzaron, gracias a don Olguín, a tejernos hasta dejarnos en éste, actual enredo.
No es novedoso lo que escribo, lo saben todos. ¿Entonces? ¿Por qué estamos tan perezosos?
Naturalmente, acabo de repensar el sueño. No hará ni diez minutos que pongo un pie fuera de mi cama, y ya les estoy narrando mi declamación somnolienta.
jueves, 16 de mayo de 2013
Invento consumista (con contraindicaciones severas)
Es común que cada día nos desayunemos con un nuevo invento capitalista, consumista y totalmente al pedo, para entrar en una jerga más amistosa, y de gente de pueblo grande.
Hurgando unos papeles, hallé uno muy interesante... sí, una pena que no haya comercial mediante, porque caso contrario, ¡sería todo un éxito y estaría en la Av. Corrientes repartiendo cientos de miles a ellos, los fanáticos y curiosos!
En fin, aquí va el invento.
Bolígrafo a tapón. De apariencia más estética que lo normal, más económica que cualquier otra. Pero con un juego mortal. Al decir que es un «juego»... ¡dudo que te niegues a venir a por una en nuestro local!
¿Qué trama esconde ésta simpleza detrás? Si intentas abrirla quitando el tapón «retenedor de tinta», que desde luego, bajo ningún pretexto deberías hacerlo —recordamos que tengan latente la distinción que hay entre «deber» y «poder»—, echarás a perder tu adquisición.
¿Por qué? En primera instancia, adiós a la tinta. Y por otro lado, lo especial del invento que has adoptado, su doble modalidad de uso, quedaría nula.
Pero tranquilo, ¡no te desesperes! Hay un modo en que puedes emplearla en su totalidad. Y allí pondrás a prueba tu ingenio...
Sin embargo, es menester ponernos en rol de estadista. Según un experimento realizado en Harvard, un setenta y cinco por ciento de la totalidad experimentada, al intentar abrirla, falló. Una actitud normal dio como respuesta inmediata el insulto. Se les ha dado una cantidad X de dinero, el cual podían emplear para adquirir el mismo producto, sólo eso. Ese porcentaje gastó todo su dinero en ello. Empero, en todos el resultado fue el mismo que antaño: fallaron.
Al cabo de unos días, éstos sujetos experimentaron una frustración alarmante. Tuvieron fobia a los bolígrafos, y sólo trabajarían, decían, para comprar más y más, hasta poder resolver el enigma del nuevo producto que salió al mercado, y pronto revolucionaría los escritos del mundo entero, según palabras de ellos.
Finalmente, se les reintegró a esos sujetos el mismo dinero con que contaban al inicio. Pero no hubo caso, ¡el resultado fue análogo en todos los casos! Hastiados del juego macabro, ellos quitaron sus vidas clavándose en el pecho el bolígrafo a tapón, producto de la desesperación.
El otro porcentaje, más ingenioso y menos emocional, dio severas vueltas al asunto. Se le dejaron paños y secantes para que pudieran labrar el desafío con parsimonia y limpieza. Destornilladores, por si les eran necesarios, así como también frascos de tinta china vacíos.
En todos los casos, el resultado arrojado fue símil. Con más o menos prolijidad, todos acertaron en la resolución.
Es interesante cómo un simple juego le puede complicar la vida a unos simples mortales. Pero los dioses están en la televisión y en las vidrieras. Y si uno no prueba, o no da una oportunidad a esos productos, ¿qué le dirán al vecino?
Próximamente comerciales acerca del bolígrafo, y su imagen, por supuesto.
Hurgando unos papeles, hallé uno muy interesante... sí, una pena que no haya comercial mediante, porque caso contrario, ¡sería todo un éxito y estaría en la Av. Corrientes repartiendo cientos de miles a ellos, los fanáticos y curiosos!
En fin, aquí va el invento.
Bolígrafo a tapón. De apariencia más estética que lo normal, más económica que cualquier otra. Pero con un juego mortal. Al decir que es un «juego»... ¡dudo que te niegues a venir a por una en nuestro local!
¿Qué trama esconde ésta simpleza detrás? Si intentas abrirla quitando el tapón «retenedor de tinta», que desde luego, bajo ningún pretexto deberías hacerlo —recordamos que tengan latente la distinción que hay entre «deber» y «poder»—, echarás a perder tu adquisición.
¿Por qué? En primera instancia, adiós a la tinta. Y por otro lado, lo especial del invento que has adoptado, su doble modalidad de uso, quedaría nula.
Pero tranquilo, ¡no te desesperes! Hay un modo en que puedes emplearla en su totalidad. Y allí pondrás a prueba tu ingenio...
Sin embargo, es menester ponernos en rol de estadista. Según un experimento realizado en Harvard, un setenta y cinco por ciento de la totalidad experimentada, al intentar abrirla, falló. Una actitud normal dio como respuesta inmediata el insulto. Se les ha dado una cantidad X de dinero, el cual podían emplear para adquirir el mismo producto, sólo eso. Ese porcentaje gastó todo su dinero en ello. Empero, en todos el resultado fue el mismo que antaño: fallaron.
Al cabo de unos días, éstos sujetos experimentaron una frustración alarmante. Tuvieron fobia a los bolígrafos, y sólo trabajarían, decían, para comprar más y más, hasta poder resolver el enigma del nuevo producto que salió al mercado, y pronto revolucionaría los escritos del mundo entero, según palabras de ellos.
Finalmente, se les reintegró a esos sujetos el mismo dinero con que contaban al inicio. Pero no hubo caso, ¡el resultado fue análogo en todos los casos! Hastiados del juego macabro, ellos quitaron sus vidas clavándose en el pecho el bolígrafo a tapón, producto de la desesperación.
El otro porcentaje, más ingenioso y menos emocional, dio severas vueltas al asunto. Se le dejaron paños y secantes para que pudieran labrar el desafío con parsimonia y limpieza. Destornilladores, por si les eran necesarios, así como también frascos de tinta china vacíos.
En todos los casos, el resultado arrojado fue símil. Con más o menos prolijidad, todos acertaron en la resolución.
Es interesante cómo un simple juego le puede complicar la vida a unos simples mortales. Pero los dioses están en la televisión y en las vidrieras. Y si uno no prueba, o no da una oportunidad a esos productos, ¿qué le dirán al vecino?
Próximamente comerciales acerca del bolígrafo, y su imagen, por supuesto.
martes, 14 de mayo de 2013
Cuando el temperamento alarma
Es el cuerpo quien nos da alarma. Él avista y alcanza sus objetivos antes bien definidos. Cuando no se tienen unos fijos, debemos ir a por ellos búsqueda mediante. No es sencillo. pero más improductivo sería quedarse quieto y distante de ese, nuestro espectral objetivo.
Leo y releo José Ingenieros. Pero no quiero imitarlo ni alcanzarlo. Más bien aplicar a la realidad ciertos conceptos, unos que sirven. Los que no, reformularlos en pos de un nuevo ideario. Su legado tiene a los jóvenes como únicos destinatarios.
Y como todo fluye y deviene, las ideas que defendemos en un momento, en otro pueden ser un flojo sustento; debiendo así ser humildes y aflojar la cuerda, dejando esa idea irse por otra senda, escuchar otras y formar nuevas ideas.
Ideas, ideas, ideas... cuando el temperamento alarma, algo avivará la llama.
Leo y releo José Ingenieros. Pero no quiero imitarlo ni alcanzarlo. Más bien aplicar a la realidad ciertos conceptos, unos que sirven. Los que no, reformularlos en pos de un nuevo ideario. Su legado tiene a los jóvenes como únicos destinatarios.
Y como todo fluye y deviene, las ideas que defendemos en un momento, en otro pueden ser un flojo sustento; debiendo así ser humildes y aflojar la cuerda, dejando esa idea irse por otra senda, escuchar otras y formar nuevas ideas.
Ideas, ideas, ideas... cuando el temperamento alarma, algo avivará la llama.
miércoles, 8 de mayo de 2013
Tiempo de nacer, tiempo de morir...
Para todo hay un tiempo, lo enseña la Biblia. De hecho, nacemos, y finalmente, morimos. Quizá el fin teleológico de toda vida, como organismo vivo, sea ese: fenecer. Nada puede perdurar para siempre. Aquello que viola tal enunciado no es profano, puede ser una piedra. Pero incluso a ella el tiempo la persigue hasta pulverizarla.
Entonces, ¿qué hacer si algo me disgusta? Aguardar a que el tiempo lo consuma.
Por eso observo la llama crecer, para poder a todos mis enemigos acoger dentro del gas inflamable aquél. Ya me harté de creer lo que me dicen éste o aquél. Sólo en mi hay Verdad. No creo en papas ni otra religiosidad. Sólo mi Verdad.
Ahora observo cómo ese fuego, ya casi fatuo, a todos ellos consume.
Y sí, era cuestión del tiempo llevarse lo que no sirve, remendar lo que sí, y atraer lo necesario para ultimar la faena de nuestro emisario: tiempo menesteroso, aplicado universitario, él es nuestro corsario.
Sí, el tiempo todo lo lleva. Incluso a los colaboradores de todo régimen, mentirosos, e inactivos. El tiempo todo lo desecha. Quien rabie ante estas palabras, pues es fácil: teme que su vida también acabe en desgracia.
Lamentablemente, cuando una trompeta toque, sí: ya estarán sumidos en la desgracia. Y yo, en cambio, viviré... observaré sus rostros de cerca, sin reír, pero sí con un sesgo lastimero... y les diré: «vieron, han caído en la desgracia».
Pobre del impuro, el pecador, el carroñero, el embustero, el chapucero, el truhan, el pendenciero, el rico, el rey y el falso obrero... caerán ellos en desgracia.
Entonces, ¿qué hacer si algo me disgusta? Aguardar a que el tiempo lo consuma.
Por eso observo la llama crecer, para poder a todos mis enemigos acoger dentro del gas inflamable aquél. Ya me harté de creer lo que me dicen éste o aquél. Sólo en mi hay Verdad. No creo en papas ni otra religiosidad. Sólo mi Verdad.
Ahora observo cómo ese fuego, ya casi fatuo, a todos ellos consume.
Y sí, era cuestión del tiempo llevarse lo que no sirve, remendar lo que sí, y atraer lo necesario para ultimar la faena de nuestro emisario: tiempo menesteroso, aplicado universitario, él es nuestro corsario.
Sí, el tiempo todo lo lleva. Incluso a los colaboradores de todo régimen, mentirosos, e inactivos. El tiempo todo lo desecha. Quien rabie ante estas palabras, pues es fácil: teme que su vida también acabe en desgracia.
Lamentablemente, cuando una trompeta toque, sí: ya estarán sumidos en la desgracia. Y yo, en cambio, viviré... observaré sus rostros de cerca, sin reír, pero sí con un sesgo lastimero... y les diré: «vieron, han caído en la desgracia».
Pobre del impuro, el pecador, el carroñero, el embustero, el chapucero, el truhan, el pendenciero, el rico, el rey y el falso obrero... caerán ellos en desgracia.
lunes, 6 de mayo de 2013
SAPISE.YSP.
¿Es la Libertad un premio? ¿Es la vida nuestro remedio? ¿Son las religiones un paliativo perfecto? ¿Son los sonidos entremeses para distraernos? ¿Son los occidentales los dueños? ¿Somos nosotros sus siervos? ¿Seremos condenados al destierro?
Demasiadas preguntas son innecesarias.
Un tango me crispó la sien cuando, al cantarlo con suavidad y culminarlo con potencia, me erizó las dendritas en pleno acto de consciencia. Y la letra no decía más que verdades como éstas, cantadas con grandeza.
Ay, mi Buenos Aires querido
¿A dónde te has ido?
Sin tu lecho...
Yo me siento un mendigo
Que no cuenta las horas
Que se tapona los oídos
Con tu mísero abrigo
De hambre
Pecado y olvido
El mismo en que te han sumido
Tantos años de apatía
Amargura y frío
El que tus ojos me
Dan a entender
Como único castigo
Divino
Y te repregunto
Mi Buenos Aires querido
¿A dónde?
¿A dónde te has ido?
Me siento condenado aquí
AL olvido
Sin noción del dónde vivo
No sé en qué Nación vivo
Si es que existe
O hemos de fundarla
Pues
Mi Buenos Aires querido
Quiero contigo ser uno
Y dejar ya de ser
Tan sólo un mendigo
Ay, mi Buenos Aires querido
Dime por última vez
¿A dónde te has ido?
Y si te sientes
Por mi canto
Compungido
Vamos pebetes, levantemos el barrio
Que no hay más tiempo para otro canto
Ahora me despido
De los desencantos
De mi reino
De tu miseria
Y tus harapos...
Levantemos un brazo
Para éste
Nuestro Buenos Aires querido...
sábado, 4 de mayo de 2013
Ocre
La vida es una caricatura. Es del color de un diario viejo.
Ella educa, ella administra tiempos, ella graba discursos y comportamientos en el subconsciente adolescente.
La vida es amarilla. Es una caricatura.
Sí, tan simple que te educa, te estaciona, te traiciona y... sin darte cuenta, siquiera te cuestiona.
Vaya forma de ver el futuro.
Ella educa, ella administra tiempos, ella graba discursos y comportamientos en el subconsciente adolescente.
La vida es amarilla. Es una caricatura.
Sí, tan simple que te educa, te estaciona, te traiciona y... sin darte cuenta, siquiera te cuestiona.
Vaya forma de ver el futuro.
viernes, 3 de mayo de 2013
Disparos para todos
Cuando Sábato escribió «La Resistencia», todo me pareció tan normal. Pues comparto su misma sapiencia.
Hoy día debería ser reeditado. Sí. Hay cuestiones sabrosas para agregar en tal prosa. Una es la justicia mediática. ¡Es fabulosa! No hay una institución que solucione las malezas injertas en el riñón de mi maltrecha Nación. Pero sí moscas verdes cogitando en una reunión de televisión en torno al infortunado gruñón, a quien, por poca fortuna, le tocó ser bufón el día de hoy. No rememoro aún su nombre, sólo su apodo: «el zumbón».
No es azaroso. Luego son los mismos medios quienes emprenden, en masa y sin mesura, cuan locomotora que no teme perder su lenguaje y es obscena, soflamas en favor del juez y la piedad y no se cuántos verbos, adjetivos y sustantivos más. Por dentro me inquiero: ¿por cuánto tiempo más estaremos quietos?
Si Sábato me dejara, tan sólo por un día, plasmar mis herejías en torno a esas sabandijas... No lo dudaría, ¡él sería el primero que me aplaudiría! Mas no sería al único en cederme tal cortesía, ya que detrás de mi varios se apostarían; con diplomacia unos, con descortesía otros; pero, al fin, todos con la misma apatía hacia los medios y la insuficiencia verídica televisiva.
Sólo hechos, cuentos y desvíos vivimos hoy. Confusiones para tu cautiverio. Luctuosa escena del hombre moderno.
¡Al carajo con tus moralejas, galán de momento! Tomaré mi tequila y haré un primer disparo, contra mí primero. Versus el tiempo luego.
Hoy día debería ser reeditado. Sí. Hay cuestiones sabrosas para agregar en tal prosa. Una es la justicia mediática. ¡Es fabulosa! No hay una institución que solucione las malezas injertas en el riñón de mi maltrecha Nación. Pero sí moscas verdes cogitando en una reunión de televisión en torno al infortunado gruñón, a quien, por poca fortuna, le tocó ser bufón el día de hoy. No rememoro aún su nombre, sólo su apodo: «el zumbón».
No es azaroso. Luego son los mismos medios quienes emprenden, en masa y sin mesura, cuan locomotora que no teme perder su lenguaje y es obscena, soflamas en favor del juez y la piedad y no se cuántos verbos, adjetivos y sustantivos más. Por dentro me inquiero: ¿por cuánto tiempo más estaremos quietos?
Si Sábato me dejara, tan sólo por un día, plasmar mis herejías en torno a esas sabandijas... No lo dudaría, ¡él sería el primero que me aplaudiría! Mas no sería al único en cederme tal cortesía, ya que detrás de mi varios se apostarían; con diplomacia unos, con descortesía otros; pero, al fin, todos con la misma apatía hacia los medios y la insuficiencia verídica televisiva.
Sólo hechos, cuentos y desvíos vivimos hoy. Confusiones para tu cautiverio. Luctuosa escena del hombre moderno.
¡Al carajo con tus moralejas, galán de momento! Tomaré mi tequila y haré un primer disparo, contra mí primero. Versus el tiempo luego.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)

