sábado, 25 de mayo de 2013

Revisionismo, una crítica.

Es como se expresa en el título, hoy día todos los hechos históricos están siendo sujetos (ya desde hace tiempo) a un «revisionismo histórico» que pretende enmascarar hechos que, de facto, han ocurrido. Ello, desde luego, opaca toda palabrería y chicana, pues siempre algo sobrevive al incendio devastador de los revisionistas.

Me pretenden explicar que nunca en la historia argentina han habido tres presidentes, como sucedió recientemente, cuando yo he leído, de bona fide, que en 1820 Argentina presenció la anarquía en sus entrañas, época reconocida como la «de los tres gobernadores». Es ella fiel prueba del revisionismo.

La historia de la República Argentina no se inicia en 1810. Pero sí fue el punto de partida de su vida independiente. Éste proceso complejo que comienza con el movimiento revolucionario debemos vincularlo con otros factores preexistentes. Son las condiciones geográficas, los límites que impone el hombre precolombino al nuevo orden posterior a la conquista. Pero tanto, o más importante, es también remontarse a la estructura social, económica y política que legislaban el funcionamiento jurídico e institucional; todo en el marco de un mundo en constante devenir.

El Virreinato del Río de la Plata, creado en 1776, es la puerta por donde ingresa la bomba, que eclosionó en mayo de 1810. Ésta entidad jurídica se organizo rápidamente institucionalmente, jugando un papel estratégico dentro del esquema político español.

La penetración de nuevas ideas y su influjo en el proceso revolucionario es un hecho. El autor más controvertido fue Juan Jacobo Rousseau, que tuvo como ferviente adherente al Dr. Mariano Moreno, y fue punto de partida para las ideas revolucionarias en el movimiento de la independencia.

 Los años que le precedieron a 1810 fueron de una lucha encarnizada por un poder en evidente acefalía central.

En 1810 se inicia la guerra de emancipación de las colonias de América hispánica. Buenos Aires era su foco, mas no todos prendieron de él. Para consolidar el triunfo, la revolución debía imponerse en el interior, y controlar las fronteras con Lima y Montevideo, contrarias a éste proceso. Defendía la Corona.

PARA QUIENES DICEN QUE LA REVOLUCIÓN ARGENTINA SE HIZO CON PALABRAS, SIN ARMAS... ESTÁN EQUIVOCADOS. 

No deberían afanarse de esos labios edulcorados.

La contrariedad que planteaban Lima y Montevideo para la liberación fueron suficientes para que la Junta de Buenos Aires enviase dos expediciones militares: hacia Córdoba una, al Paraguay la otra.

Y había un tercer frente alineado contra Buenos Aires, Montevideo, plaza militar del Sur, ruta atlántica ésta  hacia el mercado inglés, vital para el comercio de los cueros.

«No nos haría felices la sabiduría de nuestras leyes si una administración corrompida las expusiese a ser violadas impunemente. Las leyes de Roma, que observadas fielmente hicieron temblar el mundo entero, fueron después holladas por hombres ambiciosos que, corrompiendo la administración interior, debilitaron el Estado y al fin dieron en tierra con el opulento imperio que las virtudes de sus mayores habían formado. No es tan difícil establecer una ley buena como asegurar su observancia. Las manos de los hombres todo corrompen; y el mismo crédito de un buen gobierno ha puesto muchas veces el primer escalón a la tiranía que lo ha destruido. Pereció Esparta, dice Juan Jacobo Rousseau. ¿Qué estado podrá lisonjearse de que su constitución sea verdadera?». La Gaceta.



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