jueves, 16 de mayo de 2013

Invento consumista (con contraindicaciones severas)

Es común que cada día nos desayunemos con un nuevo invento capitalista, consumista y totalmente al pedo, para entrar en una jerga más amistosa, y de gente de pueblo grande.
Hurgando unos papeles, hallé uno muy interesante... sí, una pena que no haya comercial mediante, porque caso contrario, ¡sería todo un éxito y estaría en la Av. Corrientes repartiendo cientos de miles a ellos, los fanáticos y curiosos!
En fin, aquí va el invento. 
Bolígrafo a tapón. De apariencia más estética que lo normal, más económica que cualquier otra. Pero con un juego mortal. Al decir que es un «juego»... ¡dudo que te niegues a venir a por una en nuestro local! 
¿Qué trama esconde ésta simpleza detrás? Si intentas abrirla quitando el tapón «retenedor de tinta», que desde luego, bajo ningún pretexto deberías hacerlo —recordamos que tengan latente la distinción que hay entre «deber» y «poder»—, echarás a perder tu adquisición. 
¿Por qué? En primera instancia, adiós a la tinta. Y por otro lado, lo especial del invento que has adoptado, su doble modalidad de uso, quedaría nula.
Pero tranquilo, ¡no te desesperes! Hay un modo en que puedes emplearla en su totalidad. Y allí pondrás a prueba tu ingenio... 
Sin embargo, es menester ponernos en rol de estadista. Según un experimento realizado en Harvard, un setenta y cinco por ciento de la totalidad experimentada, al intentar abrirla, falló. Una actitud normal dio como respuesta inmediata el insulto. Se les ha dado una cantidad X de dinero, el cual podían emplear para adquirir el mismo producto, sólo eso. Ese porcentaje gastó todo su dinero en ello. Empero, en todos el resultado fue el mismo que antaño: fallaron.
Al cabo de unos días, éstos sujetos experimentaron una frustración alarmante. Tuvieron fobia a los bolígrafos, y sólo trabajarían, decían, para comprar más y más, hasta poder resolver el enigma del nuevo producto que salió al mercado, y pronto revolucionaría los escritos del mundo entero, según palabras de ellos.
Finalmente, se les reintegró a esos sujetos el mismo dinero con que contaban al inicio. Pero no hubo caso, ¡el resultado fue análogo en todos los casos! Hastiados del juego macabro, ellos quitaron sus vidas clavándose en el pecho el bolígrafo a tapón, producto de la desesperación.
El otro porcentaje, más ingenioso y menos emocional, dio severas vueltas al asunto. Se le dejaron paños y secantes para que pudieran labrar el desafío con parsimonia y limpieza. Destornilladores, por si les eran necesarios, así como también frascos de tinta china vacíos. 
En todos los casos, el resultado arrojado fue símil. Con más o menos prolijidad, todos acertaron en la resolución.
Es interesante cómo un simple juego le puede complicar la vida a unos simples mortales. Pero los dioses están en la televisión y en las vidrieras. Y si uno no prueba, o no da una oportunidad a esos productos, ¿qué le dirán al vecino? 
Próximamente comerciales acerca del bolígrafo, y su imagen, por supuesto.

1 comentario:

  1. Yo por eso siempre me consideré de la legión de los lápices. Los bolígrafos son para personas serias.

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