Demasiadas preguntas son innecesarias.
Un tango me crispó la sien cuando, al cantarlo con suavidad y culminarlo con potencia, me erizó las dendritas en pleno acto de consciencia. Y la letra no decía más que verdades como éstas, cantadas con grandeza.
Ay, mi Buenos Aires querido
¿A dónde te has ido?
Sin tu lecho...
Yo me siento un mendigo
Que no cuenta las horas
Que se tapona los oídos
Con tu mísero abrigo
De hambre
Pecado y olvido
El mismo en que te han sumido
Tantos años de apatía
Amargura y frío
El que tus ojos me
Dan a entender
Como único castigo
Divino
Y te repregunto
Mi Buenos Aires querido
¿A dónde?
¿A dónde te has ido?
Me siento condenado aquí
AL olvido
Sin noción del dónde vivo
No sé en qué Nación vivo
Si es que existe
O hemos de fundarla
Pues
Mi Buenos Aires querido
Quiero contigo ser uno
Y dejar ya de ser
Tan sólo un mendigo
Ay, mi Buenos Aires querido
Dime por última vez
¿A dónde te has ido?
Y si te sientes
Por mi canto
Compungido
Vamos pebetes, levantemos el barrio
Que no hay más tiempo para otro canto
Ahora me despido
De los desencantos
De mi reino
De tu miseria
Y tus harapos...
Levantemos un brazo
Para éste
Nuestro Buenos Aires querido...
No hay comentarios:
Publicar un comentario