No desesperarse ni un poco. Ese es el camino que me llevará hacia algún lugar.
Así lo escucho en una radio.
Así lo sostengo.
Estoy con los brazos caídos.
Pero no claudicaré.
No. No lo haré.
Y eso aún sabiendo que claudicar es lo más fácil. A veces llego a considerar que la desesperación es alguna extraña y muy primigenia (no por eso peor ni mejor) forma de expresarnos. O de demostrar que estamos vivos mediante la indignación. Después de todo llego a pensar que cualquier cosa que hacemos es eso, un modo de confirmarnos a nosotros mismos nuestra existencia. En fin, ¿por qué no hacerlo? Es cuestión de lanzarse hacia el otro lado del péndulo, como en el Kibalion. Saludos*
Siento lo que tú, querida Maíz. El péndulo se moverá, inevitablemente. Si algo ha de ser, pues entonces: será. Y algo me moverá. Agradezco tu comentario. Otro saludo!
Y eso aún sabiendo que claudicar es lo más fácil. A veces llego a considerar que la desesperación es alguna extraña y muy primigenia (no por eso peor ni mejor) forma de expresarnos. O de demostrar que estamos vivos mediante la indignación.
ResponderEliminarDespués de todo llego a pensar que cualquier cosa que hacemos es eso, un modo de confirmarnos a nosotros mismos nuestra existencia. En fin, ¿por qué no hacerlo?
Es cuestión de lanzarse hacia el otro lado del péndulo, como en el Kibalion.
Saludos*
Siento lo que tú, querida Maíz. El péndulo se moverá, inevitablemente. Si algo ha de ser, pues entonces: será.
ResponderEliminarY algo me moverá.
Agradezco tu comentario.
Otro saludo!