martes, 30 de abril de 2013

La palabra «futuro»

No me agrada. Es sencillo. No hay eso que llaman futuro. Hay presentes continuos. La vida es exactamente eso. Un estado transitorio. Es así porque nos movilizamos, nos deslizamos a través suyo. Sea para transformar algunos hechos, por el devenir de muchos otros; o, simple y llanamente, por el afán de vivir es que nos manifestamos vivos por intermedio del movimiento. La vida es un constante fluir energético hoy, aquí y ahora.
El presente es continuo en tanto no existe para la vida un mañana más que lo hecho por sus hombres en el momento mismo de su estadía. Y ellos trabajan no sólo por lo que hay, aquí hoy y ahora, sino por que vendrá: otro aquí y ahora. Cuando ellos abandonan la faz terrenal ya saben advendrán otros, pero no son el futuro. Son otro presente. El mismo que antaño, el mismo de mañana. Con otro perfume, otra poesía; con otro canto comunitario, con otra historia que contar y tramar. Serán otras arañas, pero con la misma cantidad de patas. El mismo tejido, pero con otro hilo.
No se resume la vida en trabajar para el futuro, sino en hacer para el hoy. Para que el mañana sepa más a libertad y menos a esclavitud. Para que haya una desindustrialización masiva, y comencemos a creer en que nosotros somos el blasón mundial a los ojos de Dios. Porque la pobreza no es un mal nuestro: es de ellos.
No hay mal que dure cien años. ¿O si? En algún pueblo lejano narrado por algún que otro escritor con su ágil pluma lo he leído. Y no, no me parecería extraño que los múltiplos de aquél signo incrementen sin chistar si es que pronto no nos ponemos por nuestro presente y el de ellos a trabajar
El no pide adoración. Reclama acción. Sí, por su injusta crucifixión. ¡Despertad carajo!

1 comentario: